Cada vez que vuelvo a mi historia, me veo reproducida en las historias de mis compañeras de gremio, lucha y coincidencia a lo largo de 51 años de experiencia. Soy consciente que desde cuando me hice dirigente, entré en la política aun cuando no fui militante partidarizada, porque mi lucha ha sido permanentemente por el cambio de nuestras condiciones de trabajo, transformándose en una lucha sostenida por hacer de esta sociedad un lugar donde las mujeres que realizan el trabajo del hogar, dejásemos de ser tratadas como no humanas, no personas, no ciudadanas.
Desde mi experiencia de esclavitud y negación de mis derechos hasta mi trabajo por el respeto de los derechos humanos de las mujeres trabajadoras del Perú, América Latina, América del Norte y el mundo, me reconozco sumergida en una lucha profundamente política, porque no ha sido en búsqueda de acomodos personales, sino de cambio de condiciones de vida, trabajo, ciudadanía especialmente de las mujeres más desposeídas.
He acumulado experiencia como líder nacional e internacional, desprendido del temor dejando parte de piel e ingenuidad. He dejado atrás la soledad que me mantuvo inmovilizada durante cuatro años de mi vida adolescente, presa no de las cuatro paredes donde me mantuvieron sino la ignorancia y desconocimiento de que tenía derecho a tener derechos. Aun así la tristeza e impotencia me ronda cuando como dije hace un momento, día a día me veo reeditada en cada una de las historias de las TdH que son parte de SINATRAB y CCTH que nos conectamos con más de 600 mil mujeres.
Junto a mis compañeras de lucha y a otras mujeres hemos arrancado una a una cada reconocimiento, cada ley, cada gesto. Desde que nacimos como organización gremial hemos depositado a lo largo de cuarenta años, nuestra confianza y esperanza de que nuestra agenda será incluida en el parlamento por uno que otro partido político y líderes de izquierda que creíamos nos representaba, para darnos de bruces una y otra vez. Sin desanimarnos, sin acobardarnos, sin perder la fe, haciéndonos más fuertes y grande.
No hace mucho con el corazón en la mano hicimos entrega de una agenda de las TdH a las/os candidatas/os al gobierno local de Lima Metropolitana, uno que otro asistió en el fragor de la campaña, peo luego de ella bien gracias, ha ido a dormir el sueño de los justos como cada una de nuestras gestiones previas ante otras autoridades.
Hoy como lo hice en 1971, he comprendido que mi misión de este tiempo va más allá de organizar a las mujeres trabajadoras, hoy necesitamos que nuestra voz llegue directa, clara y contundente a los espacios de poder donde se definen nuestro destino, eligiendo directamente los que nos toca. Porque en el segundo decenio del siglo veinte y uno, aun se sigue mostrando con crueldad el abuso, la explotación, el maltrato y discriminación de las mujeres y hombres que trabajan en los puestos de servicio que está al pie de la jerarquía de trabajos, me refiero al trabajo domestico aquí, en América Latina y EE. UU.
Por estas razones, he respondido a la oportunidad que llamó a mi puerta, invitándome en mi condición de independiente a las filas del Partido Nacionalista Gana Perú, para candidatear con el Nº 7, al Parlamento Andino, donde como lo hice a partir de 1986, aporte efectivamente quiero crear las condiciones para impulsar un trabajo de legislación que comprometa a todos los países andinos e involucre a cada uno de los gobiernos correspondientes a velar y vigilar por el respeto y cumplimiento de los derechos de las inmigrantes, emigrantes, trabajadoras y trabajadores del hogar a desempeñarse en condiciones de dignidad e igualdad de derechos en sus centros de trabajo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario