Adelinda Diaz Uriarte

miércoles, 30 de marzo de 2011

PLAN COMO PARLAMENTARIA ANDINA

MI  OBJETIVO POLITICO DE CORTO PLAZO (10 de Abril 2011)

Obtener un escaño en el parlamento andino para representar a las mujeres y hombres que desempeñan el trabajo del hogar remunerado y no remunerado.

MI  OBJETIVO POLITICO DE MEDIANO PLAZO (2011-2016)

Representar la voz,  intereses y necesidades de las mujeres trabajadoras  inmigrantes y emigrantes para que desarrollen su labor en condiciones de seguridad, protección y goce de derechos con un marco andino de libre y seguro tránsito y desempeño en los países andinos.

MI  OBJETIVO POLITICO DE LARGO PLAZO (2017)

Mantenerme al servicio de mis hermanas y hermanos andinas y andinos del Perú y América Latina, el Caribe y el Mundo, para hacer de este país y el mundo un lugar donde siendo diferentes tengamos igual valor,  respeto a los derechos humanos, la vida, habitad, con conciencia y capacidad para honrar nuestras obligaciones cívicas, éticas y humanas.

DIEZ  PUNTOS DE  MI PLAN  DETRABAJO

  • Inmigracion / emigración con libre tránsito,  igualdad de trato, marcos jurídicos de protección  que permita el trabajo seguro  digno en los países andinos, permitiendo  el desarrollo de las mujeres y hombres en búsqueda de sus sueños de buena vida, para ellas, sus familias, barrio, pueblo y país.
  • Impulsar consensos y marcos normativos regionales para erradicar, prácticas de estigmatización, simbólica y efectiva,   especialmente  contra las mujeres por su condición de género, procedencia  de origen geográfica, país, etnia, idioma, desempeño laboral.
  • Afirmar y visibilizar el valor del  trabajo reproductivo  y las labores domesticas en el  hogar  y fuera de ella, como sucede con el cuidado, la socialización   y la administración familiar.
  • Garantizar la justa compensación, reconocimiento, protección y promoción de  los derechos de las trabajadoras    y trabajadores en servicios que garantizan la reproducción de la sociedad a  nivel de la región andina teniendo como referencia al Perú.
  • Aportar a la construcción de herramientas para la persecución, juzgamiento  y sanción efectiva a prácticas de tráfico de niños/as en labores domésticas y de servicios en situación de explotación y esclavitud en coordinación y colaboración de los países andinos.
  • Impulsar reformas andinas para la unificación, sanción  y persecución de prácticas que atentan a la vida, la salud y el cuerpo de las mujeres trabajadoras (especialmente del hogar)  víctimas de acoso, hostigamiento y violación en sus centros de labores.
  • Impulsar marcos normativos para políticas de países andinos  que fomenten y vigilen  la adecuada y suficiente  existencia de servicios de apoyo a las  mujeres trabajadoras, para atender sus necesidades de  cuidado infantil, alimentación y mantenimiento de la vivienda.
  • Comprometer a los Estados de los países andinos para que implementen políticas a favor del adecuado desempeño laboral de las mujeres trabajadoras que creen condiciones   para acceder efectivamente a programas de formación  y especialización.
  • Impulsar iniciativas destinadas a favorecer y garantizar el acceso de todas y todos las/os trabajadores del hogar a  programas de estudios escolarizados y no escolarizado  con enfoque intercultural, contenidos de revaloración del trabajo reproductivo, el aporte del trabajo del hogar en  las cuentas nacionales, afirmación de identidad y austoestima.
  • Impulsar iniciativas de investigaciones y estudios a cerca de las diversas formas de organización de las/os trabajadores del hogar dentro y fuera del hogar, para su  reconocimiento, consideración e  incentivo  a ser interlocutores de los programas y políticas que les atañe.

MOTIVOS QUE ME IMPULSAN A CANDIDATEAR AL PARLAMENTO ANDINO


Cada vez que vuelvo a mi historia, me veo reproducida en las  historias de mis compañeras de gremio, lucha y coincidencia a lo largo de 51 años de experiencia. Soy consciente que desde cuando me  hice dirigente, entré en la política aun cuando no fui militante partidarizada,  porque mi lucha  ha sido permanentemente por el cambio de nuestras condiciones de trabajo,    transformándose en una lucha sostenida por hacer de esta sociedad un lugar donde las mujeres que realizan el trabajo del hogar,  dejásemos de ser tratadas como no humanas, no personas, no ciudadanas.

Desde  mi experiencia de esclavitud y negación de mis derechos hasta mi  trabajo por el respeto de los  derechos humanos de las mujeres trabajadoras  del Perú, América Latina, América del Norte y el mundo, me reconozco sumergida en  una lucha profundamente política, porque no ha sido en búsqueda de acomodos personales,  sino de cambio de condiciones de vida, trabajo, ciudadanía  especialmente de las mujeres más desposeídas.

He acumulado experiencia como líder nacional e internacional,  desprendido del temor dejando parte de piel e ingenuidad. He dejado atrás la soledad que me mantuvo inmovilizada durante cuatro años de mi vida adolescente,  presa no de las cuatro paredes donde me mantuvieron sino la ignorancia y desconocimiento de que tenía derecho a tener derechos. Aun así la tristeza e impotencia me ronda cuando como dije hace un momento,  día a día me veo reeditada en cada una de las historias de las TdH que son parte de SINATRAB y CCTH que nos conectamos con más de 600 mil mujeres.

Junto a mis compañeras de lucha y a otras mujeres hemos arrancado una a una cada reconocimiento, cada ley, cada gesto. Desde  que nacimos como organización gremial hemos depositado a lo  largo de cuarenta años, nuestra confianza y esperanza de que nuestra agenda será incluida en el parlamento por uno que otro partido  político  y líderes de izquierda que creíamos nos representaba, para darnos de bruces una y otra vez. Sin desanimarnos, sin acobardarnos, sin perder la fe, haciéndonos más fuertes  y grande.

No hace mucho con el corazón en la mano hicimos entrega de una agenda de las TdH a las/os candidatas/os al gobierno local de Lima Metropolitana, uno que otro asistió en el fragor de la campaña, peo luego de ella bien gracias, ha ido a dormir el sueño de los justos como cada una de nuestras gestiones previas ante otras autoridades.

Hoy como lo hice en 1971, he comprendido  que mi misión de este tiempo va más allá de organizar a las mujeres trabajadoras, hoy necesitamos que nuestra voz llegue directa, clara y contundente a los espacios de poder donde se definen nuestro destino, eligiendo directamente los que nos toca. Porque en el segundo decenio del siglo veinte y uno, aun se sigue  mostrando con crueldad el abuso, la explotación, el maltrato y discriminación de las mujeres  y hombres que trabajan en los puestos de servicio que está al pie de la jerarquía de trabajos, me refiero al trabajo domestico aquí, en América Latina y EE. UU.   

Por estas razones, he respondido a la oportunidad que llamó a mi puerta, invitándome en mi condición de independiente a las filas del Partido Nacionalista Gana Perú, para candidatear con el Nº 7, al  Parlamento Andino, donde como lo hice a partir de 1986, aporte efectivamente quiero  crear las condiciones para impulsar un trabajo de legislación que comprometa a todos los  países andinos  e involucre a cada uno de los gobiernos correspondientes a velar y vigilar por el respeto y cumplimiento de los derechos de las inmigrantes, emigrantes,  trabajadoras y trabajadores del hogar a desempeñarse en condiciones de dignidad e igualdad de derechos en sus centros de trabajo.

HACIENDOME PARTE DE LA LUCHA Y ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL


En 1979 cuando  aun no existía una organización internacional de Trabajadoras del Hogar (TdH),  planteo  ante la Organización de las Naciones Unidas, que este trabajo sea reconocido y valorado como cualquier otro gremio trabajador con garantía de  acceso al derecho  laboral peruano  y seguridad social

Mi aporte y participación en la organización a nivel internacional, se produce cuando coincidimos dirigentes de tres países en un evento del LASA (1983) que fue gestionado por la estudiosa de género y trabajo del hogar, la norteamericana Elsa Chanel, a quien todas la TdH reconocemos su aporte y llamamos hermana aun en memoria. 

En LASA planteamos la necesidad de crear una organización latinoamericana de TdH  nos permita elevar nuestra voz y propuesta hacia organismos internacionales como: Las Naciones Unidas, La Conferencia Mundial de la Mujer, Los Organismos de Defensa de los Derechos Humanos  y otros. Con la finalidad de comprometer y obligar a los   gobiernos nacionales, brindar  atención a las demandas de las TdH.

En el trabajo de gestación (1983-86)   nos embarcamos tres líderes y países: Aida Naranjo (Chile), Irene Hurtado (Colombia), Adelinda Díaz (Perú). Nuestro trabajo fue divulgar la propuesta en todos los países de América Latina y la búsqueda de financiamiento para un evento internacional donde fuera posible dar vida a la organización.

Al cabo del primer periodo (1986) se sumó México, Uruguay, Paraguay, Brasil, Guatemala,  Bolivia y Venezuela con quienes se conformó la comisión organizadora del I Encuentro Latinamericano de TdH en  Bogotá Colombia del 24 al 30 de marzo de 1988.  En el cual se crea la Confederación Latinoamérica  y del Caribe de Trabajadoras del Hogar (CONLACTRAHO), con un total de  diez  países y la decisión de instaurar a partir de 1988, al 30 de marzo como el día de la TdH.

La primera junta directiva fue  presidida por Aída Moreno (Chile), secretaría de organización Nair Janes (Brasil),    Defensa y Derechos Humanos Adelina Díaz (Perú), Economía  Verónica (Chile).  El mandato de la CONLACTRAHO, fue fortalecer la organización de las TdH en cada país donde existiera organización e impulsar donde se careciera de ella.  

El II congreso  se produjo en  Chile en el año 1990, integrándose en esta ocasión  Canadá, Tabohada, Argentina, Costa Rica, Ecuador y República Dominicana, siendo el  logro principal el impulso de un seminario de capacitación internacional, que permitió  evaluar el avance de cada país, constando que en cada uno  de los integrantes de la CONLACTRAHO  se habían creado leyes y confirmando  la celebración del día de la TdH.

Mi participación en la JD de la CONLACTRAHO, ha sido sostenida durante tres periodos consecutivos en el cargo de Defensa y Derechos Humanos desde su creación (1988) hasta  199, siendo reconocida por mi aporte a la vigilancia y defensa de los DD. HH. De las TdH tanto a nivel de América Latina como el Perú. En el 2006,  se ha incorporado EE.UU. país que posee el mayor contingente de mujeres migrantes de América Latina y el tercer mundo principalmente en condición de TdH abierta o encubiertamente. Actualmente COLACTRAHO está conformamos por 15 países, donde nuestro país está representado por la compañera Paulina Luza de CCTH en la  secretaria de Actas y Archivos.
Nuestro trabajo como organización, mi responsabilidad dirigencial y de liderazgo ha significado avanzar en esfuerzos y prácticas de   coordinación  con las organizaciones de la sociedad civil y organizaciones de base como es  vaso de leche, comedores, ambulantes  entre otros, para visualizar nuestro sector y sensibilizar a  los empleadores  para que no sigan maltratando a las T.H.
He sido parte activa  en espacios y experiencias de la mesas de trabajo y concertación como: la Mesa de   Lucha contra la Pobreza,    Género,  Violencia y Acoso Sexual  del Ministerio de la Mujer, Derechos Humanos, Promoción y Empleo del Ministerio de Trabajo. He asumido la coordinación con la Defensora del Pueblo en    casos emblemáticos  de  violación de derechos de las compañeras  TdH. También he acumulado experiencia en formación de servicios de apoyo a la labor de la mujer trabajadora como  Wawa Wasi especialmente para el caso de madres solteras T, Centros de Acogida a  niñas adolecentes  despedidas, migrantes y sin  familia en Lima y otras regiones, buscando ofrecer protección y servicio de asistencia  al sector.
He viajado por países de Europa y América Latina difundiendo la problemática de nuestro sector en  participado en foros internacionales como es en  la ONU, DD-HH, Conferencias Mundiales de la Mujer,  pasantitas  con otros sectores y el   nuestro. He impulsado   la capacitación integral de los jóvenes  en   sus derechos  y deberes, capacitación técnica para mejorar  desempeños en los centros.
He sido parte activa en la Huelga Mundial  de las Mujeres (HMM) que lo conforman  mas de23 países. Porque la HMM    se encarga de difundir y trasmitir  la situación de las mujeres en el mundo  y de las trabajadoras  del hogar.

Al 2011, evalúo que la  situación de las TdH  a nivel de América Latina permanece  al margen de todos los derechos laborales y seguridad social  en contraste con la condición de trabajadoras y trabajadores de otros sectores en general. Transformándose en una de las razones que me impulsan a candidatear para integrar el Parlamento Andino.

martes, 29 de marzo de 2011

DE PROFESION DIRIGENTA


Paralelo a mi labor de TH, fui creciendo en mi conocimiento gremial. Mi primer guía  espiritual  y asesor de  liderazgo fue el padre Carlos Álvarez Calderón    quien me lanzó a hablar ante ochocientos personas, mientras me resistía al borde de las lagrimas, nunca olvidaré lo que me dijo en ese momento: “Hoy estas llorando para no hablar, mas tarde llorarás mucho más, para que te dejen hablar”.  

Así descubrí que mi misión era dejar de llorar por mi desgracia, el abuso  y discriminación que me tocaba vivir. Descubrí que todo era parte de mi aprendizaje para comprender y  luchar por los derechos de muchas otras mujeres que sufrían tanto o más de lo que a me tocó experimentar.

En 1971, con el apoyo de mi siguiente asesor  padre Alejandro Cusianovich, asumo que las Trabajadoras del Hogar (TdH), también  somos peruanas con dignidad, que nuestro  trabajo sirve al país. Tomo conciencia que tenemos los mismos derechos y obligaciones que cada trabajador/a obrero/a. Que el hecho de ser migrantes del Perú profundo no puede seguirnos devaluando nuestro aporte. Por cuanto necesitábamos juntarnos y organizarnos.



Pero  esto no solo quedo en mi persona, me di cuenta que mi problema no era aislado  de los problemas de las demás trabajadoras del hogar, conversaba con mis compañeras  de estudio y tenia los mismos problemas, es cuando mi inconsciente me impulsó  a seguir  en la comunidad y hacer algo por mis demás compañeras.

Me gustó saber lo que supe conscientemente en ese momento. Me gustó descubrir que teníamos fuerzas y una razón para organizarnos. Me gustó que fuéramos   20 compañeras de diferentes comunidades cristianas, dispuestas e interesadas en  conocer y capacitarnos como   organización sindical. Sentimiento que creció y se esparció a otras regiones como el Cuzco, donde  se forma el primer Sindicato de Trabajadoras del Hogar (1972) y es el primero que logra   ser reconocidas por el gobierno de Velazco.

En nuestro caso  la gestación  de nuestro sindicato fue más largo, luego de tres años de preparación formamos las primera estructura sindical de trabajadoras del hogar (1969-73). Nuestra idea era organizarnos corporativamente por distritos y central a modo de coordinadora, así es como logramos organizarnos sindicalmente con 8 bases en Lima metropolitana: primero  Miraflores, Surquillo, San Isidro (Orrantia) Magdalena del Mar, Santiago de Surco (Chacarrilla del estanque). Más adelante  se sumarían Breña, Jesús María, Zona este Balconcillo, la zona norte de Túpac Amaru,  hasta estar articuladas  en la Coordinadora de Sindicatos de Trabajadoras del Hogar  de Lima  Metropolitana, posteriormente a nivel nacional.


En 1973 hemos formado la Coordinadora de Sindicatos de Lima Metropolitana con 8 bases sindicales, luego la Coordinadora de Sindicatos de Trabajadoras del Hogar  a nivel nacional  Arequipa, Pucallpa , Chimbote, Puno, Ayacucho, Ica, entre otros, luego en el 2006 forme el SINDICATO NACIONAL DE TRABAJADORAS  (SINTRAHOGAR)

En 1974, realizamos nuestra primera movilización con una  marcha de 700 trabajadoras del hogar, desde la zona de Surquillo hasta San Isidro -con el apoyo espiritual y ánimo de nuestros asesores de la iglesia católica progresista de la Teología de la Liberación-. Elaboramos los primeros volantes con nuestras  reivindicaciones dirigidos a   todas/os las/os empleadores,  para hacerle saber que estábamos organizadas. Presentamos memorial al congreso con nuestra plataforma de lucha al Ex Presidente Morales Bermúdez sin obtener  tuvimos respuesta alguna.
La reacción y represión no se hizo esperar desde nuestras empleadoras y empleadores. Sólo necesitaron una semana.  Las/os empleadores publicaron un comunicado en los diferentes periódicos: Correo, Comercio, La Prensa y Ultima Hora señalando en grandes titulares: “Las servilletas se   han organizado. Piden corbata michi, televisor a colores y de yapa a mi marido”. Muchas de las  dirigentas se asustaron, no fue para menos, muchas fuimos despedidas.  Pero no nos amilanaron, en mi caso  me dio más fuerza.  Nos amanecíamos conociendo nuestros derechos, pero quedamos pocas: Adelinda Díaz, Ana Rivera, Natividad  Mejía, Victoria Reyes Silva  y Paulina Luza.

Asesores/as, aliados/as nos animaban, señalando que estábamos en nuestro derecho, por cuanto debíamos insistir en justicia y reposición. La lucha    fue titánica, nunca antes las mujeres menos valoradas del país por el tipo de trabajo que realizábamos nos habíamos revelado y alzado tanto la voz

Centramos nuestra plataforma de lucha en el reconocimiento de sindical, argumenta como precedente el reconocimiento del sindicato de TH del Cusco obteniendo como respuesta “Las autoridades que hicieron eses reconocimiento sindical  estuvieron borrachos, regresen a lavar platos”, poco a poco nuestra lucha fue debilitándose en la medida que el país zozobraba  hasta casi desaparecer en 1976.


A partir de 1980, se intensifica  la época de la subversión, todas/os los dirigentes éramos perseguidas/os, por  esta razón  me toco estar en seguridad del Estado  por nuestra lucha sindical, especialmente    porque no teníamos reconocimiento como sindicato.

Personalmente sentí que  no podía quedarme cruzada de brazos como alternativa  empezamos a trabajar por la formación de una organización similar que diera respaldo institucional a nuestra lucha.  

En este periodo  se había re-instaurado el orden democrático, vuelto al gobierno el presidente Fernando Belaúnde en su segundo periodo de gobierno.  A él  le entregamos un memorial para que se cumpla la ley  JVA DS 002-TR-70 de reconocimiento sindical, arrancado por las compañeras de Cusco al gobierno de Velazco desde hace una década.


Logramos elaborar una minuta para traducir toda nuestra lucha en objetivos de defensa, apoyo, orientación y respaldo de las TdH a través de  una organización ad hoc, que dio origen a la Central de Capacitación de Trabajadoras del Hogar (1982, 4 de agosto) con 55 asociadas, siendo la primera junta directiva: Presidenta Adelinda Díaz, Vice Paulina, Secretaria Lidia Ramírez, Sofía Mauricio y Marcelina Párraga y 50 adherentes, funcionando como central hasta  el 2004, a partir de entonces, como  Institución  de formación Centro de Capacitación para Trabajadoras del Hogar (CCTH).



Hemos cumplido 29 años de lucha y en estos años  hemos tenido grandes logros  a favor del sector, uno de ellos es el reconocimiento  de la ley 27986 de TdH hemos logrado articularnos a nivel nacional e internacional  y con otras organizaciones de mujeres  campesinas de puno, Chota: Junto a otras   organizaciones de la Sociedad Civil hemos conseguido espacios políticos de reconocimiento, y respeto como sucede con  MIMDES, MINTRA, DD.HH, Defensoría del Pueblo entre otros .

En 1993, ante la necesidad de contar con un espacio de comunicación, con las asociadas y TdH en general, impulsé el programa radia,  Sonco Warmi” (corazón de mujer), nombre que elegido por  Alejandra Reyna (en paz descanse), argumentando que nuestra radio tenga una denominación en quechua para reivindicar el idioma no oficial de las mujeres al mismo tiempo que superamos las dificultades de difusión de nuestros intereses.
El 15 de Octubre del 2006, impulsé  el SINDICATO NACIONAL DE TRABAJADORAS DEL PERU (SINTRAHOGARP), tenemos 5 años de existencia y hemos visualizado al sector a nivel Nacional e Internacional, además todas las actividades de Incidencia que se está produciendo, estamos avanzando en el trabajo gremial sostenidamente,    actualmente (2011) hemos formado la Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar del Perú, donde he sido presidenta hasta el momento que decidí postular al Parlamento Andino.

lunes, 28 de marzo de 2011

DE MIGRANTE A TRABAJADORA DEL HOGAR

Pronto me hice cocinera y empleada de quince personas a quienes preparaba y servía tres comidas, lavaba, mantenía la casa limpia, cuidaba y era enfermera de día y de noche de la anciana de 96 años, al mismo tiempo que me exigían  más y más, nada les satisfacía y siempre me reprochaban ser serrana y ociosa. El  único beneficio que arranqué fue  la escuela, debido al compromiso que firmaron con mi padre, que también se transformó en chantaje y manipulación que justificaba la violación de mis derechos hasta  cumplir la mayoría de edad.

Fui al Colegio de Fátima, debido al compromiso que firmaron con mi padre para hacerme estudiar, donde aprendí además de las materias a organizarme y compartir con otras trabajadoras como yo. A entender que no era mala suerte lo que me pasaba  y a buscar solución para mi situación. Desde 1960, me hice parte de la Juventud Obrera Cristiana (JOC), donde me abren los ojos y hacen ver que mi trabajo es digno  que tenemos valores, que soy ciudadana y no objeto como nos suelen tratar  nuestros empleadores, aprendí que tengo derechos  y que tengo que hacerlo respetar.

La presión  del trabajo y la escuela, me fue agotando día a día, adelgazando enormemente. Sólo tenía dos cambios de ropa que me proporcionaron en la casa, un vestido de servicio y un guardapolvo para el colegio.  Trabajaba descalza -debía cuidar mi zapato para ir al colegio, el único que traje de Cajamarca -. Por más de cuatro años,  no me compraron calzado ni me pagaron sueldo.

Fui aislada casi secuestrada, me incomunicaron con mi padre, interceptando y destruyendo las cartas que él me enviaba, a esto es lo que yo llamo esclavitud,  por eso no quiero que  más niñas y mujeres pasen por lo mismo, porque aun en el año 2011 se sigue dando.

Trabajaba en las peores condiciones y más de los horarios destinados a otros tipos de trabajo, los estragos de mi explotación se hicieron pronto notar, adelgacé hasta la anemia  y perdí  mis fuerzas. En estas circunstancias culminé mis estudios primarios con calificaciones sobresalientes y destacadas. Mi profesora decía que yo podría llegar lejos si seguía estudiando.  

En  la JOC, conocían de mi situación, mis compañeras y   asesores me dijeron que la única forma de liberarme  era huir, puesto que era menor de edad y mis patrones tenían mi tutoría.
Casi me resigné a esperar hasta cumplir mi mayoría de edad, pero otras amenazar surgieron a medida que tenía más edad.

Los hijos de la familia, me acosaban sexualmente en todo momento, yo me defendía como podía y los evitaba. Cosa que no sucedió con  mi compañera de trabajo, quién salió embarazada de uno de los hijos de la casa y la retornaron a su pueblo. Allí me dijeron que no me dejarían ir, porque quedaba sola,  si quería salirme me devolvería a mi pueblo como lo hicieron con mi compañera.  Yo no quería volver pues no tenía nada, quería seguir estudiando.

Poco tiempo después, en una de las tantas noches que esperaba al señor de la casa para servirle su comida. Llegó más media noche y algo bebido, aprovechando que estaba de espaldas ocupada en servirle la comida me cogió por la espalda e intentó violarme. Me defendí como pude y en mi desesperación le tiré la sopa al pecho, pero lejos de amedrentarse se volvió más agresivo, mientras yo gritaba y nadie me oía.

Cuando finalmente, logré liberarme y huir, la violación frustrada se transformó en causa de hostigamiento constante del  violador, sus hijos e hija. Sólo la señora me creyó y se puso de mi parte pero era insuficiente su protección. Cuando el hostigamiento fue insoportable, decidí irme, no fue fácil, querían detenerme  e incluso trajeron la policía, quien dijo que no podían hacerlo porque ya había cumplido mi mayoría de edad.

Al no poder  impedir que me vaya, la señora de la casa se llenó de ira y violencia, me arrebató mi pequeño paquete, donde no tenia en realidad nada de valor sólo  mi  Biblia que cayó aparatosamente, la piadosa mujer que rezaba e iba a misa todos los domingos, a quien las hermanas religiosas le conseguían de tanto en tanto jóvenes para “que las acogiera y educara”, se apropió de mi Biblia diciendo que me la había comprado y yo no la merecía.

Cuando  me liberé de mi primera esclavitud, lo hice en el peor momento, no había coordinado con nadie, solo quería dejar esa prisión. Al llegar  al local  de la JOC en Barranco, mi euforia por la libertad arrebatada se me esfumó, no había nadie, todos se habían ido de retiro por una semana. Literalmente me quedé en la calle, dormí tres noches en el   jardín de la comunidad  JOC, luego en el  parque Salazar, durante varias noches, tuve por techo al firmamento gris  e incierto de Lima y por cobijo la grama de los parques.

En búsqueda de apoyo, llegué a la casa donde trabajaba Tomasa una compañera de igual infortunio,  muy cerca a la casa donde trabajé, allí me quedé oculta un tiempo. Dormía escondida bajo su cama, evitando  de este modo me descubriera la dueña de casa, en el día ayudaba en los que haceres a Tomasa, quien fue mi primer Ángel para no morir en el intento hacerme de mi libertad. 

Con mi segundo trabajo, profundicé aun mas en el   rostro inhumano del poder de un ser humano respecto a otro y el costo de ser TdH, descendí de maltrato en mi primer trabajo,  a peor trato en el segundo. Mis empleadores eran una pareja recién casada de clase media, que trabajaban y querían ahorrar para tener éxito, incluyendo mi comida, la cual me media gramo a gramo unido a la desconfianza y el abuso, tampoco me pagaron sueldo alguno. Pronto los abandoné, ya había descubierto que mi trabajo tenía valor,   que no podía renunciar por más miedo que tuviera a  mi libertad y derechos de trabajadora.

El tercer trabajo fue aun peor, al racionamiento, control, se sumó la discriminación que me hizo probar el sabor amargo de ser mujer, inmigrante, pequeña,  piel oscura y desempeñar el trabajo más devaluado del mercado “Trabajadora del Hogar”, desdeñosamente nombrado como “muchacha”, “sirvienta”, “nana”, "chica", "chola","chuncha",  “empleada”, “doméstica”, dependiendo siempre del grado de desprecio e ignorancia de los y las discriminadores.

Nos vestían diferente para que nuestras "patronas" pudieran ser distintas a nosotras porque en algunos casos no había esa diferencia que querían mostrar. En la calle toda peruana es igual en piel, talla, rasgos, solo la ropa, el pelo teñido y el dinero nos hace diferentes. Por eso y otras cosas nos miran y tratan  con desprecio,   dependiendo del nivel de cultura e inseguridad de cada nueva empleadora, olvidando que nos contratan   para que realicemos  un trabajo que ellas no pueden hacer, que nos confían su comida, su casa, sus hijos... pero cuando nos miran a los ojos nos desprecian...

Siempre me pregunto ¿Por qué no desprecian? ¿Por qué no nos valoran? ¿Acaso nuestra necesidad es mayor que la necesidad de ellas? ¿Qué pasaría si no hubiera ninguna trabajadora del hogar? ¿Cómo harían para atender la casa, los hijos, el marido, trabajar, triunfar, tener éxito? ¿No se dan cuenta que tenemos igual necesidad y problemas como mujeres?

Pero  toda noche  oscura culmina en un amanecer, y la luz del nuevo día llegaría con mi cuarto trabajo. En  1968, en un quinto intento de búsqueda de trabajo digno, fui a trabajar al interior de una familia alemana, donde por primera vez tuve un sueldo equivalente a S/. 70.00 (soles). Al lado de quienes culminé mis estudios secundarios en el Centro Educativo  República de Francia. A estas alturas ya había descubierto mis derechos, mi poder, capacidad de organización  y estaba decidida a defenderlos.

domingo, 13 de marzo de 2011

UN MUNDO EXTRAÑO DE DESARRAIGO, ORFANDAD Y DISCRIMINACION

En 1960, me transformo en migrante al salir  por primera vez de mi pueblo, doliéndome como a toda provinciana y provinciano, dejar mi familia, los campos, agua, aire, cielo, mi tierra. Con un nudo en la garganta, pero animada por las promesas de progresar, no imaginé la cruel realidad que se me revelaría solo a pocas horas,  en ese mismo viaje. En  su momento pensé que era mala suerte, hoy sé que era normal aquello que físicamente me sucedió. Me dio el mal de altura, como todos decimos en mi tierra  me dio soroche”, mi entrañas se revolvieron y revelaron, vomité con vergüenza y dolor sin saber qué hacer. Las monjas eran tan delicadas que no soportaron mis fluidos, mi tristeza humana, piadosamente” decidieron   que debía seguir el  viaje en la maletera  del bus, allí donde estaban los bultos como un  bulto más, sacudida salvajemente por los baches del trayecto a Lima, en esos tiempos donde no había pavimento, sólo carretera afirmada.

Llegué  a Lima como un fardo magullado, maltrecha y asustada. Despojada de mi condición humana en tiempos donde la democracia estaba  emergiendo y las mujeres apenas soñábamos con nuestros derechos. En tiempos donde una parte importante de la iglesia católica en su plan de evangelización y piedad,  asumía el papel de enroladoras de jóvenes andinas, campesinas y amazónicas, para empleadas del hogar de las familias de clase media y alta de Lima. Práctica que encubría una versión moderna  de esclavitud a mediados del siglo XX.

Me hice imigrante con 15 años,  seducida con la promesa de acceder a educación inexistente en mi pueblo, llegando primero a la Av. Wilson,  en el  Convento de las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús –irónicamente hoy es el lugar donde pululan las mujeres y hombres que venden algo de calor-. Allí me tuvieron una semana, mientras aprendía a servir en silencio, entrenándome en tender camas, lavar platos, barrer, planchar, cocinar, agachar la cabeza y decir "Sí patrona", "Sí patrón". Aprendí rápido porque a esa edad todos los sentidos están atentos, creí que pronto sería bien acogida al saber desempeñarme bien en el trabajo doméstico y la obediencia.

Un lunes de marzo a las once de la mañana, nací por segunda vez,  esta vez pese a ser una adolescente, con más temor de cuando fui siete mesina. Fui  elegida entre otras adolescentes que estaban conmigo, para ser distribuida al distrito de Miraflores. Vino a recogerme mi empleador que en ese tiempo me dijeron era “el patrón o señor de la casa”.

Tomamos un colectivo, al mismo tiempo que me moría de miedo ante  tanto  ruido,  autos que parecían estrellarse con el nuestro, edificios que nunca había visto en el campo, calles completamente descocidas, mientras que en mi corazón se asentaba el peso de una roca gigante y me dolía ser migrante, huérfana y pobre.

Me inicié como Trabajadora del Hogar (TdH) encubierta, oficialmente era la "ahijada" que ayudaba  en las labores de la casa a cambio de comida, techo y estudios, al interior de una familia  aparentemente  de cinco miembros. El señor de la casa era bombero, la señora  ama de casa, una hija enfermera y un hijo  médico ambos trabajaban en el Hospital de policía,  el tercer hijo era abogado con dos hijos y esposa. A ello se sumaba una anciana de 96 años con necesidad de cuidados diurnos y nocturnos, una sobrina y algunos  paisanos de Cajamarca que eran pensionistas (inquilinos con servicio de alimentación). Un total de quince personas, a quienes serviría en adelante junto con otra compañera de trabajo, también de Cajamarca pero muy diferente a mí en color y facciones. Ella sería usada en adelante para hacerme sentir discriminada por mi color de piel y choledad, decían mis empleadores y sus hijas/os  que yo era chola, no parecía cajamarquina porque eran blancas como mi compañera de trabajo.

La lección de quién era y el lugar que ocupaba en la familia, fue abrupta y acelerada, cuando llegamos, era medio día, hora de almuerzo. Habían cocinado chupe de camarones, la señora ordenó  que me sirvieran un plato,  luego me llevaron a comer junto al caño de la lavandería en el patio. El patio y la cocina, eran los lugares de las TdH, puesto que estábamos para realizar trabajo y trabajo todo el día, por cuanto no necesitábamos nada más que una frazada vieja y un cartón para dormir, aun recuerdo la mía, era una frazada de banderitas rojas, bastante usada, sucia y hueca.

Nada de eso me importó en ese momento, sólo miraba aterrada mi plato, mientras pensaba que en Lima comían cucarachas grandes a las que llamaban camarones, no probé bocado, quedándome de hambre ese día y tantos otros, hasta cuando me fui acostumbrando a ser parte de esta Lima que  en ese tiempo sólo se enorgullecía de sus platos y cocina de la costa, pero para quienes somos de la sierra, fue y sigue siendo un lugar de choque de culturas, de discriminación, agresividad  y mucho temor cuando nadie te acoge, orienta, apoya y enseña.

viernes, 11 de marzo de 2011

MIS ORIGENES

A las once de la mañana del 8 de marzo de 1946, al interior del pueblo  de Yurac-Yacu de la provincia de   Chota en Cajamarca, la pareja conformada por Ermila Uriarte Núñez y Herminio Díaz Fustamante, asisten al nacimiento de su primogénita.
Con sólo  siete meses de vivir en el vientre de mi madre, sin esperar más tiempo para mirar la luz brillante del sol de Cajamarca, nací y me llamaron Adelinda Díaz Uriarte,   según el nombre de la santa que figuraba en el calendario y marcaba el 8 de marzo.  

Con sólo siete meses me aferré a la vida, en un tiempo y lugar que desconocía  el apoyo de los servicios de salud como hospital, incubadoras. Donde la mayoría de recién nacidos y nacidos morían antes de tener  tres años, como sucedería a tres de mis seis hermanas/os.

Nací para vivir, por difícil que fuera  y aun cuando la vida me negara las mínimas condiciones favorables. Primero era tan pequeña que no podía  succionar un pezón, debí beber leche a través de un algodón. Cuando llegué a al tiempo donde otros nacen, bebí del pecho huérfano de mi vecina Manuela de la Cruz quien había perdido a su pequeña hija, mientras yo renunciaba el pecho de mi madre,  que nuevamente embarazada gestaba y preparaba para recibir a su segunda hija.

En tiempos donde las mujeres debían tener todos los hijos que su fecundidad y Dios le enviaba -donde los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres no existían ni en los sueños de alguna mujer-, era de esperar que me quedara prontamente huérfana de madre. Como sucedió con apenas ocho años, heredando  la responsabilidad de ayudar a mi padre en la crianza de mis  seis hermanas/os. No fue fácil pero nos la arreglamos hasta que cumplí catorce años. Tiempo  donde dejé de ser hermana e hija, con apenas l segundo año de instrucción primaria, el deseo de aliviar y ayudar a mi padre, asentí venir a Lima, confiada en el brazo protector de una monja.

Mi padre se resistió, mas cuando fue convencido, creyendo protegerme firmó un documento que cedía  mi custodia a la familia donde me quedaría, cuidaría y me permitiera estudiar, al ser menor de edad y migrante. Creí que el valor de mi trabajo me   permitiría ayudar a mis hermanas y hermanos.